lunes, 14 de julio de 2014
Entrevista a Francesco Tonucci: Un Mundo Donde el Niño se Mueve en Libertad.
19:56
Tonucci y la autonomía en el niño.
Larga es la
experiencia que atesora el Pedagogo italiano FrancescoTonucci respecto al mundo
del niño y el papel que desempeñan los gobiernos, la escuela, los ciudadanos
(el adulto, en general) en el desarrollo de su autonomía. Especialmente, ha
dedicado gran parte de su vida a covencer al mundo de que es posible cambiar
las ciudades y recuperarlas para los niños, para que puedan moverse libremente, explorar, jugar en
ellas sin tropezar con las barreras que les hemos puesto. Barreras que
provienen, a veces, de nuestros propios miedos, y otras veces, de nuestra falta
de escucha a las necesidades de la infancia. No en vano se le reconoce en el
mundo entero como "niñólogo", pues siempre tuvo una capacidad
especial para ponerse en el lugar del niño, y abordar, de una manera
descaradamente sencilla, las dificultades que éstos encuentran para jugar.
"Niño se nace", "Con Ojos de Niño", "la Ciudad de los
Niños", "Cuando los Niños Dicen Basta" (Tonucci, F., 1988, 1990,
1991, 2005), son algunos ejemplos de su amplia bibliografía que ha ejercido
influencia en todas las disciplinas interesadas por la infancia.
Al igual que ocurre
en otros ambitos afines, los Psicomotricistas
nos hemos formado leyendo sus textos y nos resulta inevitable seguir
reflexionando sobre lo que este Pedagogo plantea. El interés por la infancia y por
sus posibilidades de movimiento dentro de un ecosistema amplio, por el juego,
por la exploracion del espacio, por el aprendizaje, por las relaciones que
establecemos desde pequeños con la comunidad, son motivaciones que compartimos
con este gran pensador. Es por ello que al equipo de www.revistadepsicomotricidad.com le parecio apropiado conocer su
visión con mayor profundidad y centrar la atención en los puntos que pudieran
nutrir a nuestra disciplina, e invitarles a realizar una reflexión crítica, tal
como nos tiene acostumbrados Frato, ese otro yo de Tonucci, el dibujante que su
incuestionable talento le permite hacer emerger para satirizar sobre cuestiones
educativas.
Con www.revistadepsicomotricidad.com
habló sobre el movimiento y su relación con el aprendizaje. El Pedagogo expresa
que este punto no es percibido como relevante en la escuela actual, pero cree
firmemente que los psicomotricistas escucharán
este tema con la debida sensibilidad.
El Pedagogo
señala algunos de los estudios europeos que muestran los beneficios de que los
niños vayan andando a la escuela. Entre ellos destaca una investigación de una
universidad danesa, que concluye que los niños que van caminando a la escuela
se concentran mejor durante el tiempo que permanecen en ella, que aquellos que
van en coche. Basándose en este estudio y en las ideas del propio Tonucci, algunos
centros educativos de la geografía mundial han puesto en marcha proyectos que
buscan mejorar la atención de los niños y, por lo tanto, mejorar su rendimiento
escolar. Valga como ejemplo “A L´Escola a Peu”,
la experiencia en Sagrat Cor de Godella (Valencia, España), que sigue
precisamente esta línea de trabajo. Según la información extraída del
valenciano “Canal Nou”, el ejercicio físico y el movimiento a primeras horas de
la mañana les ayuda a activar la atención, además de favorecer el aprendizaje
de los fundamentos de Seguridad Vial.
Jugar en la Confianza.
Para Tonucci,
a los niños que no pueden salir solos de casa se les está impidiendo jugar. Es
en la niñez donde se afirman los cimientos de todo aquello que va ocurriendo a
lo largo de la vida. Por lo tanto: ¿cómo esperar hombres y mujeres
independientes y libres, si nunca tuvieron autonomía?, ¿si no experimentaron
emociones tan importantes como el miedo ante un riesgo? Jugando, el niño entra
en una relación con el espacio y el
tiempo, a través de la cual descubre el mundo, a través de la cual conoce
al otro. Esto sólo es posible si desarrolla su autonomía, si el niño se
encuentra en una situación de libertad.
Habitualmente
el adulto sustituye el juego en libertad,
por convertirse en un mero acompañante en el parque, o por la compra compulsiva
de bienes materiales. Para jugar de forma adecuada no necesitamos tantos
juguetes, sino tener mucho tiempo para utilizarlos y compañeros para compartirlos.
Tonucci nos recuerda que esta es la realidad actual de la infancia
mediterránea: en Italia, España, Grecia y en otros países, encontramos una
creciente falta de tiempo libre, de autonomía y, en definitiva, de libertad.
Señala además que los juguetes forman parte del juego siempre que permitan descubrir experiencias, probar, explorar... Todo
esto no se puede hacer bajo el control de un adulto. El adulto se ha vuelto
desconfiado, miedoso, provocando que exista una falta de juego. Jugar, para Tonucci,
equivale a confianza; es decirle al
niño: yo te quiero, confío tanto en ti que te puedo dejar solo. Por otro lado, en el niño el juego surge de forma espontánea. No
es necesario enseñarle nada.
El italiano
rememora su propia infancia, y usándola de ejemplo señala que su padre le
enseñó a utilizar objetos para construir y no a jugar. “Yo fui un niño de la guerra,
durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Era ridículo pensar en comprar
juguetes, así que nosotros debíamos construirlos. Lo hicimos con un gran placer
porque fue construido por nosotros. Los maestros eran los que nos guiaban”.
La Libertad y el Riesgo.
Profesionales
de diferentes disciplinas, tanto los sanitarios como los educativos, han
observado la carencia de movimiento
espontáneo en el niño, provocado por el estilo de vida de nuestra sociedad.
A pesar de acudir a numerosas actividades extraescolares (fútbol, baile,
natación...), se aprecian consecuencias de esta forma acomodada de vivir, como
un incremento de la obesidad infantil o la falta de oportunidades para la
descarga emocional. En este sentido Tonucci destaca que el adulto siempre le
dice al niño lo que tiene que hacer, no dejándole libertad para que pueda descargar sus emociones.
Igualmente
dramática es la consecuencia de no poder vivir la experiencia de riesgo, pues el adulto abusa de sus
herramientas de control e impide un adecuado desarrollo. Experimentar el riesgo
es fundamental para la evolución del niño, tanto desde el punto de vista
cognitivo como social o cultural. El
riesgo empieza el día del nacimiento y es una buena medición a nuestra
disponibilidad a que nuestros hijos crezcan.
Los niños
italianos, por ejemplo, solo visitan a los compañeros previstos por sus padres,
encuentros sociales controlados. Así, los niños no pueden vivir la experiencia
de hallar a un desconocido y elaborar estrategias sociales de encuentro. Por
ello no aprenden a elaborar estrategias que les permitan evaluar si éste es un buen o
mal amigo, como componer una pelea o decidir si mañana queremos volver a jugar.
Entonces, los niños llegan a la adolescencia con un cúmulo de experiencias
enrarecidas, sin vivir las experiencias de riesgo que son propias de la
infancia, sin poseer la suficiente autonomía para conocer sus deseos acerca de
la vida, de las relaciones. Se retrasa el deseo de experimentar el riesgo y se
vive como una explosión. Problemas como el bullying, el consumo de alcohol y
drogas, la sexualidad precoz, los suicidios, podrían estar relacionados con la
falta de autonomía en la infancia, según el niñólogo.
La autonomía, por lo tanto, tiene un
carácter preventivo, y es necesario recuperar estas competencias. Para ello, pensamos
una propuesta acerca del recorrido desde casa hasta la escuela, no porque sea
el más importante en la vida del niño o el más deseable, sino porque este
recorrido permite que vaya junto con sus amigos. Se trata de ir a la escuela
solo, de realizar siempre el mismo recorrido contando con el apoyo del barrio,
de organizarnos de manera social, colectiva, formar parte de un grupo que
constituye una masa crítica. Los niños en clase se estudian los recorridos que
llevan a la escuela, se discute con ellos acerca de los peligros, pudiendo
colaborar el Ayuntamiento de cada lugar.
Otra idea
innovadora es contar con la participación de los comerciantes, quienes ponen
sus comercios al servicio de los niños, para cualquier cosa que puedan
necesitar, como ir al baño, usar el teléfono o curar alguna herida. Estos
comercios presentan alguna identificación clara para los niños, como alguna
pegatina.
Normalmente
los padres piensan que esto es una locura. Piensan en accidentes de tráfico, o en
la existencia de personas malintencionadas, violentas o pedófilas. Y esto
deriva en una reflexión profunda sobre estos peligros: la violencia contra los
niños existe, y es en un gran porcentaje dentro de la casa, no en personas
desconocidas. En la mayor parte de los casos, la violencia es ejercida por los
padres, otros familiares o educadores. Los conductores no andan buscando
aplastar a los niños. Si hay niños en la calle ésta se vuelve más segura porque
los automovilistas se fijan y están atentos a los niños. Tonucci está
convencido de que se produce una especie de moderación social. Tras unos meses
de trabajo, las familias permiten que los niños puedan ir solos y volver a la
casa solos. El 50% o más pasan a ir a la escuela solos.
Un cambio de mentalidad en la Escuela y en la Ciudad.
Para promover
un cambio son necesarias unas condiciones previas. Según su experiencia, tanto
en Italia como en otros países, el apoyo
de los ciudadanos del barrio y de las instituciones locales es fundamental
para que los niños puedan recuperar esta autonomía y puedan moverse libremente,
en las mejores condiciones viales posibles. Todo esto se configura en un marco
de reglas espacio-temporales y se
generaliza a sus vidas privadas: los niños van cada mañana a la escuela y por
la tarde pueden ir a jugar con sus amigos, a comprar a alguna tienda o a
visitar a su abuela. Estas reglas son necesarias, pues constituyen los límites
en los que se desenvuelve y madura cada niño.
En Argentina,
a comienzos del año 2003, se produjo una innovadora experiencia en el Barrio
Almirante Brown, del Gran Buenos Aires, donde existían muchos problemas de
violencia: los ciudadanos decidieron suprimir las actuaciones policiales e
idearon recorridos seguros. Tonucci asegura que en este y en otros barrios
donde se desarrolla este proyecto se ha producido un descenso de la criminalidad.
Concluye, entonces, que la presencia de niños en la calle produce seguridad.
Otra acción interesante (Yo Soy Padrino, Yo Soy Madrina) se produjo en Rosario,
en el año 1997. En este caso, la disponibilidad
de los comerciantes para los niños, se
producía a través de pactos formales que firmaban los comerciantes con el
alcalde, comprometiéndose a ser madrinas
y padrinos de los niños y ayudarlos a desplazarse solos a la escuela.
Se necesita,
además, que La Escuela esté motivada,
un convencimiento profundo de la Institución Escolar. Es necesario que los
propios maestros reconozcan esta experiencia de Libertad como algo importante
para su escuela, y ser conscientes de que hoy en día se sufre mucho esta falta
de autonomía. Para Francesco Tonucci, una buena escuela debería hacerse sobre
lo que los niños llevan consigo, no sobre los libros y programas, no acerca de
contenidos de vienen de afuera. Al contrario, se debería “mirar en los bolsillos de los niños”, pues éstos
no llegan a la escuela con los bolsillos vacíos. Los bolsillos, según el
experto italiano, son peligrosos, porque en ellos “hay bichos”, contienen nuestra vida: boliches, cromos,
cuerdas de trompos; sacar este material afecta a nuestra vida dentro de la
clase, ya que nuestra vida ocurre fuera de la escuela. Lo que hace la escuela
es sólo una propuesta.
Recuperar la
autonomía significa que el niño recupere la posibilidad de vivir experiencias
propias y tener algo que contar a la escuela: el niño que recorre la calle todo
el día, conoce su barrio, su entorno. Antes de enseñar conocimientos sobre el
Agujero de Ozono, el niño descubre las condiciones atmosféricas de su entorno y
se siente parte de éste. Antes de enseñar con signos de tránsito, una buena
educación vial comienza por enseñarlos a ser peatones.
El autor de La
Ciudad de Los Niños (Tonucci, 1991), señala que el asunto es más delicado
cuando se observa lo que está ocurriendo dentro de la escuela, en las aulas.
Comenta que la estructura de las aulas es muy rígida, que no se puede entender
que un niño de seis, siete u ocho años permanezca sentado durante cinco horas,
en la misma posición, tal como defienden insistentemente los profesionales de
la Psicomotricidad y otras disciplinas que se ocupan del cuerpo. Si un niño se levanta de su asiento se
convierte en un problema, no castra la libertad de movimiento y no tienen
siquiera derecho a cansarse. En la película "La Educación Prohibida”, en
gran parte inspirada en su trabajo, se muestran experiencias de ocho países de
Iberoamérica dónde se cuestiona la Institución Escolar, considerándola obsoleta
y anacrónica. Se parte aquí de la opinión de más de noventa educadores,
académicos, autores y familiares, que critican un diseño que ha dejado de
prestar atención a la naturaleza del aprendizaje, a la libertad de elección y a
la importancia de los vínculos humanos en el desarrollo de las personas y de la
sociedad. Se debe permitir vivir
distintas experiencias dentro de la escuela, en espacios amplios (tipo
laboratorios) donde los niños puedan moverse más que el adulto, reconociéndoles
esta autonomía en lugar de la propuesta radical de permanecer quietos durante
todo el tiempo. Esto no quiere decir que no haya reglas. Los niños pueden
aprender a moverse por el aula y luego volver, sin molestar a los demás.
Sin esta
estructura tan rígida y jerarquizada, además, el niño se siente en libertad de
elegir los lenguajes en los que quiere expresarse. Quizás así se pondría la
mirada sobre el cuerpo, ya que actualmente estas jerarquías hacen que se den importancia
a algunos tipos de lenguajes (como las matemáticas), mientras que la
expresividad queda en el último lugar. Según la Convención Internacional de los
Derechos del Niño (UNICEF, 1989), éste debe poder elegir los lenguajes en los
que expresarse.
Una reflexión para la Psicomotricidad.
Aunque estamos más habituados a
centrar el punto de mira en otro tipo de contextos, es cierto que los límites
entre los cuales el niño (y el resto de seres humanos) se desarrolla van mucho
más allá de una sala de Psicomotricidad. El tiempo del niño no es (solamente)
el que transcurre en una sesión, y el espacio no termina en las paredes de cada
centro. Ahí está la calle, llena de posibilidades para que el niño explore,
entre en relación con el mundo y descubra a las otras personas, se mueve
espontáneamente. Ahí es, sobre todo, donde su cuerpo aprende.
Metafóricamente,
Tonucci nos insta a mirar en los bolsillos de los niños, pues nunca están
vacíos, sino llenos de vivencias. En los bolsillos están los miedos, los
afectos, su propia historia. Cuando llegan a la escuela es necesario mirar a
este cúmulo de vivencias, no a las exigencias curriculares, a los objetivos que
nos marcan nuestras expectativas o ideas preconcebidas o a etiquetas
diagnósticas. Desde nuestra disciplina sabemos la importancia de lo que cada
uno trae consigo, de la vivencia que porta el cuerpo, de las huellas que en
cada cuerpo hay impresas.
En la escuela, es preferible
enseñarles a ser. Permitirles ser seres autónomos en lugar de someterlos a una
estructura rígida, donde no puedan expandir sus ideas y su creatividad se vea
totalmente limitada. La existencia de una estructura, de unas normas, unos
límites, es totalmente apropiada. Pero siempre debe haber flexibilidad, para
que el niño pueda moverse libremente y poner en juego todo su potencial. Lo
psicomotriz, entonces, adquiere un mayor sentido dentro del aula. El
conocimiento del propio cuerpo, del entorno, de los objetos, la expresividad y,
en definitiva, la relación, se producen de forma natural cuando se da pie a la
espontaneidad y cuando el niño se siente seguro. Todo esto implica la necesidad
de que se produzca un cambio de modelo, acerca de una Escuela que reflexione
profundamente sobre el concepto de Libertad, pues es en este marco donde los
niños pueden ser ellos mismos, donde pueden desarrollarse plenamente como seres
independientes y diversos. Es así, además, donde cada uno puede descubrir su propio
lenguaje.
El adulto tiene, en primer lugar, que
ofrecer al niño seguridad. Para el autor italiano, a esta seguridad se llega a
través de la confianza que le damos al niño al dejarlo actuar de forma
espontánea y libre. Tonucci habla también de la disponibilidad, presente en
todos los ciudadanos que se encuentran en el entorno del niño, en la familia y
en la escuela. El adulto debe ser capaz de escuchar para conocer realmente cuáles
son las necesidades de cada niño, qué tipo de lenguaje quiere utilizar, cómo
necesita explorar y aprender.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
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Niño Se Hace. REI Argentina. Buenos Aires.
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Ciudad de Los Niños. Barcelona.
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Los Niños Dicen Basta. Barcelona.
REFERENCIAS
ELECTRÓNICAS.
Entrevista realizada por:
Mady Alvarado (Buenos Aires, Argentina) Licenciada en Psicomotricidad
ayunte redacción:
Caraballo (Santa Cruz de Tenerife, España) Psicopedagogo no es psicomotricista.
lunes, 7 de abril de 2014
El diálogo tónico postural: La trama del cuerpo y el lenguaje
10:56
El término “diálogo tónico”, acuñado por el Dr. J. de
Ajuriaguerra (1979), implica para nuestra disciplina un concepto imposible de
eludir al momento de enfrentarnos a la práctica clínica. Cada bebé o niño llega
a nosotros con una historia, que aunque pueda relatar o no verbalmente, debemos
ser capaces de leer, tanto en el discurso de los padres, como en el lenguaje
corporal y gestual del niño cómo se está constituyendo ese sujeto psicomotor.
A partir del recorrido histórico
que se hace del pequeño, el psicomotricista se aproxima al punto inicial de la
construcción del cuerpo y de la estructuración del lenguaje necesario para
comprender mejor a quién va dirigida la práctica psicomotriz y así establecer
con mayor especificidad una intervención acorde. Entendiendo que el niño da
cuenta, en su organización tónico-postural, en su juego, en su funcionamiento
psicomotor y en el lenguaje que expresa, de aquello vivido en el encuentro con
el otro a través del diálogo tónico postural.
¿Por qué considerar el “diálogo tónico postural” más
un concepto que un término? Porque encierra en sí mismo una idea, una manera de
concebir al sujeto desde sus orígenes.
Pensar
el concepto del diálogo tónico postural como la trama inicial del cuerpo y el lenguaje,
es poder ahondar en el valor que asume este primer vínculo primordial y
necesario de un niño con sus padres o quienes cumplan sus funciones.
Para que el diálogo tónico postural se desarrolle, deben
estar presentes dos partes imprescindibles y complementarias, ambas con
participación activa, por eso hablamos de “diálogo”. Se hace referencia a los
padres, cada uno en el ejercicio específico de su función[i]
y al niño con todo lo que trae al nacer: tono, postura, actos reflejos, miradas,
sonrisas, llanto, gestos, sonidos y todo lo que conforma la actividad espontánea.
Indiscutiblemente el ser humano nace en un estado de
prematurez funcional, lo que hace depender al recién nacido de los otros
cuerpos adultos que albergan, nutren y manipulan su cuerpo, creando y regulando
(según normas socio-culturales) las condiciones externas referentes al medio
donde el niño vive, crece y aprende. A pesar de este estado, el niño cuenta tanto con una
organización neurobiológica particular propia de la especie humana, como así
también posee desde el comienzo la capacidad de generar un
complejo sistema de comportamientos[ii],
que aunque contrastan con su limitada capacidad motora, consecuencia de
su equipamiento neuromotor inmaduro (implicando
la falta de dominio postural, de control tónico-motriz) sumado a la ausencia de
la palabra, lo habilitan para satisfacer tanto sus necesidades
físicas como psíquicas. Que haya ausencia de palabra no
significa que el bebe no comprenda, lo hace desde la prosodia de la Lengua, no
desde lo lingüístico propiamente dicho, que porta la afectividad e
intencionalidad de quien habla, utilizando su capacidad para interpretar las
producciones corporales de los otros: los gestos, las miradas, las variaciones
posturales, los diversos matices y tonalidades de la voz, es decir toda la
información no verbal. El niño es sensible a esta información y reacciona a
nivel tónico postural y emocional, logrando establecer una comunicación fluida
con el ambiente familiar, que incita y prepara al niño para lanzarse a la
expresión verbal.
Así establece
sus primeras relaciones en dos niveles: por un lado en función de sus
necesidades orgánicas, las que se manifiestan corporalmente a
través de sucesivas transformaciones tónico-posturales vinculadas a estados de
tensión o distensión relativos a
la incesante alternancia necesidad-satisfacción. Y por otro lado, también le será
preciso satisfacer necesidades de orden psíquico, que implican las muestras de
ternura (caricias, palabras, risas, besos y abrazos), verdaderas
manifestaciones espontáneas del amor parental y familiar. Estas
conductas de orden emocional, afectivo, verbal y de manipulación sumadas a las modificaciones
del tono del bebé y los ajustes
posturales entre él y los otros, son las que constituyen y organizan el diálogo
tónico postural[iii]. Por eso la fusión afectiva primaria
deja inevitablemente su impronta en la contextura tónica de los músculos,
expresándose a través de la función postural. Tono y motricidad llevan en sí los primeros
trazados de las reacciones emocionales y afectivas jugadas en el vínculo con el
otro.
Vale aclarar que gracias a la distensión del tono, que
sucede a la satisfacción de la necesidad,
el eje del cuerpo y la función postural no solo actúan como medio de expresión
sino también como receptáculo sensible a lo que viene del exterior. Así pues durante
el diálogo tónico postural se ponen en juego de manera dinámica tres aspectos
del cuerpo descriptos por Bergés (1974). Por un lado, el “cuerpo receptáculo”
recibe lo que proviene del exterior, es decir, las cosas que resultan
agradables, desagradables, los cambio de temperatura, de posturas, el contacto
del otro, su voz, su mirada, etc. - Para que el cuerpo tenga este papel de
receptáculo, la función tónica tendrá que ser competente para recibir el cuerpo
del otro-. Por otro lado, se pone en juego el “cuerpo expresivo” que denota
posturas, gestos, imitaciones, actitudes, diversas maneras de hacer, que captan
la atención del otro y lo invitan a ingresar a un juego vincular. Y por último
el “cuerpo envoltura” que se considera el límite entre el exterior y el
interior, entre lo propio y lo de los otros, disponiéndose un borde respecto
del cuerpo, que permite de este modo conocer los límites de sí mismo e
incorporar los de los demás.
La dialéctica
de la demanda, la oferta y el deseo estará
instalada desde este primer diálogo afectivo. Cuando el otro
da sentido, codifica[iv] la acción del
niño, al hablar de la función (no como un hecho biológico) adopta una posición
interrogativa preguntándose sobre lo que le sucede, a través del lenguaje.
Permitiendo que aquello que hace el bebé no sea tomado como un signo fijo (por
ejemplo interpretar que cuando llora solo tiene hambre), sino que tenga valor
significante. De este modo, enlaza
estos significantes al cuerpo, introduce lo simbólico en la función vía las
palabras que la sostienen y crean el funcionamiento corporal del niño. Es
decir que, a través de las palabras donadas por los padres, las actividades del
niño también cobrarán sentido para él.
Este
pasaje vital del cuerpo orgánico al cuerpo psicomotor, se conquistará mediante
las caricias, la mirada, el sostén, el habla libidinizada y la escucha
expectante, que el otro le brinda al bebe, ya que la condición de todo cuerpo
humanizado es ser real, discursivo, simbólico e imaginario[v].
En
esta relación de los padres con el cuerpo, irán ligando la sensación con una
acción, que será vehiculizada por la palabra la cual sostiene y anticipa.
Sensación, acción y palabra se funden para “comprender como la palabra mueve,
la sensación habla y la acción toca” (Calmels, 2003:15). Es decir, el adulto
transmite desde instantes muy tempranos, a través del diálogo tónico postural,
que la palabra, la voz, el movimiento y el gesto están entrelazados en un mismo
acto, demostrando en cada ocasión como el cuerpo y el lenguaje son
indisociables uno del otro.
El
diálogo tónico postural se desarrolla dentro de un “espacio transicional”
(Winnicott, 1951), que se caracteriza por ser un campo potencial intermedio
entre la realidad interior o personal y el mundo real. Este tercer campo, donde
se ubica también el juego y donde la palabra circula, implica tanto la realidad
interior del otro como la del niño, entramándose ambas en una realidad
temporo-espacial común. Por eso durante los intercambios en la
alimentación e higiene y los juegos corporales, es donde se desarrolla todo un
proceso de asimilación y acomodación entre los cuerpos, un ajuste postural a
través de las fluctuaciones del tono. No solo a través de la armonía se plantea
el diálogo tónico postural, sino que también lo concebimos con asimetrías, desarmonías y diferencias
que marcan tanto al cuerpo del niño como el de los padres. La asimetría de la relación es causa del
estado de prematurez del bebe, en contraste con la de los padres que cuentan
con todo una estructura neurofisiológica y psíquica que los sostiene y permite
ofrecerle al niño toda una estructura simbólica transfiriendo su propia
posición funcional a sus funciones. La desarmonía comienza por la falta
relativa de sincronización del ritmo parental y del ritmo del niño, que implica
para él un estimulo esencial que lo lleva a demandar, apelando al otro para
satisfacer sus necesidades, Un ejemplo serían los juegos de presencia-ausencia
o los tiempos de espera entre lo que el niño demanda y el otro le ofrece, que
hacen que esta relación no sea, afortunadamente, “perfecta”.
Las
fallas concernientes al ambiente le permiten al niño frustrarse y
de esta manera, gracias a la
adquisición de experiencias, utilizar las herramientas necesarias que le permitan
atenuar estas diferencias y tolerar las frustraciones. Incrementando su
mundo simbólico e imaginario en función de que la diferencia se torne
constitutiva, estructurando su aparato psíquico e incentivando su deseo. Esta
diferencia constitutiva, le permite al niño distinguirse de los demás, situando
en la diferencia la propia subjetividad.
Dentro
de este “espacio transicional” se ponen en juego dos campos tónico-posturales y
actitudinales que arman un recorrido original “cuyas fronteras solo reconocen,
por un lado, los límites de la creatividad y de la imaginación, pero por el
otro, solo pueden extenderse en el espacio dibujado por la riqueza de
movimientos del niño” (Jerusalinsky, 1988:60). Todo lo que acontece en este vínculo amoroso es creativo,
único, especial, transformando a los participantes en cada encuentro. Así, lo constitutivo del diálogo es
que está dirigido hacia alguien, está destinado afectivamente y conlleva una
motivación de orden comunicativo.
Es importante destacar que lo que se instaura desde
los primeros años de vida, en el transcurso de esta relación tónica,
discursiva, afectiva y emocional, es un rasgo permanente con el que el niño
entra en relación con el mundo. Por eso a través del diálogo tónico
postural, vínculo primario y gestante
del cuerpo y el lenguaje, la presencia del otro dona un espacio, una posición
simbólica, una imagen, a través de palabras, melodías, miradas y caricias,
dejando una huella constitutiva en el bebe. Estas huellas vinculares crean la materia prima que el niño,
camino de su propia formación, tomará como trama para tejer su historia
personal, creando a través del diálogo tónico postural una matriz afectiva, de
aprendizaje[vi]
y de comunicación, para encontrarse con los otros.
En
suma, se considera al diálogo tónico postural como el primer
vínculo esencial entre el niño y sus
padres o quienes cumplan sus funciones. A través de
esta relación corporal, emocional y afectivo, que toma como escenarios los
juegos corporales y los contactos
diarios, es donde el niño entrelaza
la estructura biológica al lenguaje produciendo el desarrollo psicomotor. El
cuerpo y el lenguaje se articulan en el eje de la
subjetividad, encontrando en el diálogo tónico postural el espacio apropiado
para hacerlo. Tenemos que
destacar sus dos componentes, por una lado el diálogo como instrumento del lenguaje
que porta los sonidos de la Lengua (que el niño percibe antes de hablar él
mismo), constituyéndose como función más primitiva y permanente de comunicación, estableciendo
una comunión, un vínculo emocional inmediato entre el bebe y el otro anterior a
toda relación intelectual ya que crea la participación, combinando el gesto
expresivo y la sensibilidad, produciéndose una acomodación simultáneamente
motriz y mental e instaurándose
el lenguaje de la afectividad a través del movimiento y la postura.
Por el
otro, es en la función tónica y postural, dónde la estructura tónica queda
determinada por la intensidad con la que se viven las primeras reacciones
tónico-emocionales, inscribiéndose una historia y una manera de ser particular.
De la misma forma la función motriz ya no significará solo movimiento y tono,
sino que asume un verdadero valor de gesto y actitud, al haber otro que
codifica las diversas manifestaciones tónico-posturales del bebe.
El diálogo
tónico postural es capaz de entretejer en sí mismo el nivel perceptual, motor,
cognoscitivo, operatorio y afectivo. Como afirma Ajuriaguerra (1979), cada
palabra está preparada, y de alguna manera, en gestación orgánica en una
actitud, en una postura o en un gesto que el niño, al percibirlo, incorpora;
encontrándole una resonancia anticipada.
Además este vínculo se define por dos
características opuestas pero complementarias. Por un lado el niño necesita de
las semejanzas, las identificaciones y la armonía en la relación con sus padres
y el mundo que lo rodea, pero le será necesario experimentar las asimetrías, la
desarmonía y las diferencias para poder reconocerse como un individuo respecto
de los demás. El otro nos enseña que el cuerpo es elemento
fundamental de relación, que es historia evolutiva y subjetiva. Que es uno
separado del resto, pero que forma parte de un entramado social que nos hace
estar presentes.
Por lo tanto, es a través del diálogo tónico postural
que se gesta una modalidad de ser y
estar en el mundo, un modo de relacionarse con los otros y de aprender y
comunicarse con el cuerpo atravesado y envuelto por el lenguaje, organizándose de esta manera el funcionamiento
psicomotor y la matriz afectiva, de comunicación y de aprendizaje, con la que
enfrentaremos el mundo que nos ha tocado habitar.
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su bebe. En D. W. Winnicott La familia y el desarrollo del individuo.
Ø _____________ (1951) Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona:
Laia.
[i] No
hablamos solo de la función materna, sino que incluimos y damos importancia a
la función paterna, ya que la pareja parental conforma el primer núcleo social
y vínculo esencial afectivo que contiene al bebe, el que le da amor, confianza
y seguridad.
[ii] Comportamientos de orientación, búsqueda,
manipulación, desplazamientos, retracción, defensa, etc.
[iii] Uno
de los principales momentos donde se juega este dinamismo entre las necesidades
orgánicas y psíquicas (afectivas) es en el acto de amamantamiento o
alimentación, que no solo es un acto nutricio sino que es un acto constitutivo
para el bebe. Pues, entre otras cosas, están implicados el sostén que le dará
la confianza y la seguridad en sí mismo y en el mundo exterior, la donación de
posturas, miradas, gestos, palabras, melodías y la acomodación de los ritmos
primarios del niño con el mundo-otro.
[iv] Se habla de codificación y no de decodificación, ya que
los padres inscriben en el código del Lenguaje al niño. Un código
socio-cultural que posee sus propias leyes y en donde se constituyen el cuerpo
y el Lenguaje. A través de esta codificación, los padres significa las
modificaciones tónico-posturales del niño, dándoles valor de gestos, emociones
y actitudes.
[v] El cuerpo pertenece a un universo imaginario anudado
al real y al simbólico. Cuando el niño llama al otro, en ese tiempo de espera
entre la demanda y la satisfacción, el niño evoca aquello que desea, llenando
esa espera con imágenes haciéndola más tolerable. El otro libidiniza la imagen
del niño a través de su deseo y se presta como espejo identificatorio en el
cual el niño se podrá reconocer. El poder de la imagen reside
en que el otro anticipa al niño su unidad, que podrá conquistar luego de pasar
por el “Estadio del espejo” (Lacan, 1984). Gracias al pasaje por este estadio, el pequeño
descubrirá que lo vivenciado como fragmentos en realidad forman parte de un
todo, estas piezas se entrelazan para conformar su cuerpo. La imagen del cuerpo
se construye cuando el niño en el encuentro con el espejo, vislumbra que lo que
ve es él mismo y logra armar la concordancia entre la imagen visual del cuerpo
y el cuerpo kinestésico. Es a partir de esta unificación especular que se
conforma el esquema mental del cuerpo, que organiza al niño en su actividad.
[vi] A
través del diálogo tónico postural también se constituye una “matriz de
aprendizaje” (Quiroga, 1988), un modelo
interno primario desde donde se va armando la actitud del y para el
aprendizaje. Una modalidad relativamente estable de acción, pensamiento y
sensibilidad para captar, ubicarnos y operar en el campo de la realidad y del
conocimiento. “Se aprende por necesidad o por miedo, se aprende por amor, por
identificación, con placer o con sufrimiento, con libertad y con sumisión, el
aprendizaje es siempre el producto de un proceso vincular, aprendemos siempre
para otro, con otro o contra otra” (Quiroga, citado en Chokler, 1998:72).
www.revistadepsicomotricidad.com agradece públicamente a Lucila
Levin por enviar este artículo desde Buenos Aires, Argentina.
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miércoles, 26 de marzo de 2014
HIPERCUERPO. CRITICA AL CONCEPTO DE MENTE SANA EN CUERPO SANO
10:50
1.
Docente
de la Carrera de Psicomotricidad – U.S.B.
2.
Estudiantes
de octavo semestre de la carrera de Psicomotricidad – U.S.B.
Universidad
Salesiana de Bolivia, Carrera de Psicomotricidad Salud, Educación y Deportes
La
Paz, Bolivia
Noviembre-2013
Introducción
Fue Décimo
Juvenal en el Siglo I quien acuñó esta expresión, aunque actualmente solo se
conoce y aplica la mitad de este enunciado. Green (1998) afirma que
originalmente, este poeta y sátiro griego afirmó que "Orandum est ut sit
mens sana in corpore sano", que traducido al español significa “Orando es
como se obtiene una mente sana en un cuerpo sano”.
Juvenal, de esa
manera, pudo haberse referido a una época en su civilización caracterizada por
la dejadez e indolencia de sus gobernantes para con las necesidades del pueblo.
Pero a Juvenal también le molestaba la desidia y el desinterés del propio
griego “de a pie”, que no reclamaba nada a sus asambleas ni a sus
representantes, debido a que se encontraba distraído con espectáculos públicos
y se contentaba con tener que comer en casa. De ahí que Juvenal también pudo
haber puesto en circulación la frase de “Pan y Circo”, para precisamente
referirse al hecho de que el pueblo está contento con comer y con distraerse,
apartando su atención de temas más profundos y urgentes.
En un proceso
histórico de repercusiones sociales, políticas y sobretodo académicas, la frase
ha sobrevivido alrededor de 20 siglos; es el lema de instituciones educativas y
deportivas, y sirve de eslogan para campañas de prevención en salud, marketing
publicitario e incluso para la estructuración de un modelo ejemplar de
comportamiento. En términos de su uso concreto, incluso puede convertirse en un
ideal de vida y en una materia de debate casi irrefutable, debido a que
comunica una idea en apariencia totalmente útil, incorruptible y verdadera. En
todo caso, es probable que, como señala Richlin (1992), Juvenal haya querido
invocar el concepto de “Virtud Herculina”, una combinación de cualidades como
la sabiduría y la paz, o la ausencia de ira o codicia que solamente podían
habitar en un cuerpo genuinamente cuidado, pulcro, acabado, durable y cuasi
perfecto como el de Hércules. Es decir, virtudes susceptibles solamente de
existir en un cuerpo cuyas cualidades físicas no están al alcance de cualquiera
y cuya eficiencia y eficacia en la realización de tareas motoras sea el
distintivo blasón de su existencia y valoración social, una especie de
Hipercuerpo.
Si bien la
sociedad actual tiene mejores herramientas para poder deconstruir este
concepto, es probable que al hacerlo, se descontextualice el momento histórico
en el que fue emitido. Juvenal a partir de sus Sátiras, criticaba la falta de
voluntad de un pueblo con antepasados gloriosos para creer en algo; criticaba
una época donde el debate de las ideas era considerado como poco interesante y
la población en términos generales le daba más importancia a la cultura del
cuidado físico. Por tanto, se indicaba mediante esta frase que el desarrollo
físico va de la mano con el desarrollo mental o espiritual y viceversa
(Aristóteles no distinguía la mente del alma. A ambas les llamaba Psique). La
relación entre ambas entidades (la mente sana y un cuerpo sano), era recíproca
y respondía a condicionamientos propios de la civilización griega en ese
momento particular de la historia.
Por ello, es
necesario, en una primera instancia, delimitar el objetivo de reconstruir el
proceso mediante el cual este pensamiento, como estandarte de un dualismo
autómata y maquinal, fue filtrado, reconstruido y comunicado hacia el sistema
educativo imperante desde la revolución industrial y se convirtió en uno de los
ejes sociales y científicos que más poder ha tenido en marcar un pensamiento
mecanicista acerca de la vida del ser humano y justificar porqué desde la
Psicomotricidad, dichas connotaciones ya han empezado a ser superadas en una
búsqueda genuina de las posibilidades de desarrollo de las personas y en un
profundo respeto a las diferencias individuales en los ritmos de desarrollo,
los cuales en última instancia conduzcan, tanto desde el campo académico como
desde el social, a la tolerancia y a una manera más humanizada y científica de
contribuir a las Ciencias de la Salud.
1. El
Hipercuerpo Herculino
Un cuerpo sano,
para empezar, es un contenedor dictatorialmente gobernado por una mente sana,
la cual a su vez es una especie de caja negra demiúrgicamente introducida en él, que reside u ocupa un
lugar topológico en el cuerpo, y es la que administra los esfuerzos corporales,
la que filtra las experiencias diarias y la que puede aprender del entorno, en
el sentido mágico del término: (Deus ex machina – no se sabe cómo ocurrió, solo
se sabe que ocurrió, o no se sabe cómo funciona, solo se sabe que funciona).
Este es un concepto clave en la significación del Hipercuerpo, porque este es
un cuerpo sin control o voluntad, a menos claro que la mente pueda “ordenar” la
ejecución de alguna acción. Su
constitución biológica es la misma que otros cuerpos menos desarrollados en el
sentido material del término, pero sus posibilidades físicas necesariamente no
deberían resistir comparación ni paralelos. Es saludable en la medida en que la
ejecución de destrezas motoras o el aspecto exterior del mismo eliciten en el
individuo observador la intención de imitación, porque una salud física, a su
vez, implicaría la existencia de una
salud afectiva y cognitiva.
Esta mente es
equilibrada en el sentido geométrico del término. Es decir, es el lugar en el
cual van a confluir todas las energías corporales, las intenciones y las
motivaciones individuales para poder encarar la búsqueda de la salud. Es una
mente que funciona como un antivirus actual: la búsqueda de defectos de
razonamiento y de constitución corporal le ocupan recursos y tiempo. Adopta
mecanismos bidimensionales y de procesamiento serial de información . Trabaja para superarse a sí misma y el
Nonplus Ultra de su existencia es llevar, arrastrar o convencer al cuerpo para
subyugarse en ese proceso de “autosuperación”, aunque a veces tenga que
considerarlo un lastre y un obstáculo. Una mente sana no habita un cuerpo sano:
lo invade.
Por lo tanto, la
única posibilidad de existencia de esa mente “sana” es dentro de un Hipercuerpo
(el cuerpo sano por antonomasia), el cual, debido a sus posibilidades
fisiológicas y capacidades físico-condicionales, pueda contenerla y darle un
uso y un propósito. La mente sana es una entidad etérea que se hace corporeidad
y se concretiza mediante la ejecución excelsa de la fuerza, resistencia,
velocidad y flexibilidad del cuerpo sano, según estándares pre establecidos, a
las cuales pueden sumarse el equilibrio y la reacción.
En efecto, el
Hipercuerpo tiene una alta capacidad para ejercer influencia física sobre un
objeto, vencer su resistencia gravitatoria y cambiarlo de posición (Fuerza). Y
no es que otros cuerpos “menos sanos” que el Hipercuerpo no la tengan; es que
su capacidad de ejecutarla es mucho menor y por lo tanto menos valorable, es
decir, menos saludable.
Además, el
Hipercuerpo debe demostrar que tiene la capacidad física de sostener y repetir
la intensidad de esa fuerza (Resistencia), lo cual determinará el crecimiento
muscular de su forma exterior característica, muy distinta de los cuerpos
“normales”, muy cercana al estereotipo herculino, por lo menos en alguno de los
segmentos corporales. El recorrido máximo de las articulaciones del Hipercuerpo
(Flexibilidad) y su capacidad de desplazarse en una distancia determinada en el
menor tiempo posible (Velocidad), agregan nuevas características a las ya
descritas. Concretamente, el Hipercuerpo tarda más que otros cuerpos en perder
su flexibilidad con el paso del tiempo y consistentemente es más rápido que los
demás. La interacción directa de la mente sana con estas capacidades se traduce
en la pericia del cuerpo sano en redistribuir el peso de sus diferentes
segmentos (Equilibrio), y en disminuir el tiempo que transcurre entre el
procesamiento de una orden y su ejecución (Reacción).
Figura: 1 El Hipercuerpo Herculino
Fuente:
Elaboración Propia
Y desde el dualismo de Descartes, el deseo de
ser más alto, más rápido y más fuerte se convierte en una búsqueda sin pausa
del ser más valiente, más apto, más útil y más valorado.
Los ideales de
una sociedad de consumo irresponsable y masivo son claros: “Debo verme bien
para sentirme bien”, lo que crea una falsa ilusión de darlo todo en una
actividad particular, bajo el condicionante de tener un cuerpo sano. Por lo
tanto, el control sobre los eventos de la propia vida y la responsabilidad de
las decisiones están supeditadas a ideales de salud física y de la salud
mental, los cuales determinan no una manera de valorar a las personas, sino más
bien una forma impune de juzgarlas: El flaco es envidioso, el alto quiere
poder, el gordo es sucio y el chico es un resentido social; la rubia es tonta,
el migrante es ignorante y el moreno es de clase media.
Pero más allá de
estos ejemplos arbitrarios, el concepto de Mente Sana incluye la intención de
“hacer el bien”. El bien, pero, ¿Para quién o con qué intenciones? Un “bien”
visto desde la perspectiva del Hipercuerpo, donde sus capacidades sean
exaltadas y perseguidas. Donde su manera de comportarse sea el modelo a seguir,
donde la eficacia y la eficiencia sean los parámetros prevalentes de evaluación
de su rendimiento, y donde el poder de decisión recaiga en las mentes que lo
“habitan”, de tal manera que estos formatos se reproduzcan y se perpetúen en el
tiempo.
El ser humano,
ante situaciones desesperantes o de estrés desbordante, libera adrenalina, la
cual le proporciona un aumento importante en su fortaleza física y su estado de
vigilia. El corazón late más rápidamente para que la sangre llegue en menos
tiempo al cerebro y a los músculos. Hace que los vasos sanguíneos se contraigan
para evitar que en caso de alguna herida externa, la sangre no coagule. Las
pupilas se dilatan y la segregación de dopamina puede causar una distorsión
temporal de la capacidad de interpretar la realidad. Esta sobreactivación
psicobiológica es la vivencia más cercana que el ser humano ha tenido con
respecto al Hipercuerpo y según esta lógica mecánica, la consecución de una
mente sana debería dar como resultado el desarrollo de un Hipercuerpo, o al
revés, la consecución de un Hipercuerpo debería dar como resultado la aparición
topológica de una mente sana.
2. Los Elementos
Filosóficos de Reproducción de la Mente Sana en Cuerpo Sano
Portela (2001),
afirma que “el capitalismo define al cuerpo como un objeto físico sometido por
leyes naturales, cognoscible y condicionado para evitar el caos social”. Pero
este razonamiento es una consecuencia de la reproducción de paradigmas
filosóficos a lo largo de casi 700 años.
Para empezar,
Descartes afirmaba que nada de lo que le pertenecía a la mente le pertenecía al
cuerpo, ni nada de lo que le pertenecía al cuerpo le pertenecía a la mente.
Concebía al cuerpo como una entidad punible para purificar la mente.
Básicamente, fusionó la idea de Mente a la existencia de Dios, y opinó que los
seres humanos son una especie de ego divino prisionero en un calabozo hecho de
ligamentos, articulaciones, músculos y órganos. Esto, por ejemplo, ha impedido incluir los aspectos
psicológicos, afectivos, culturales y sociales en el análisis de la enfermedad
mental (solo hasta hace no más de 10 años, el estudio del TDAH en Estados
Unidos ha incluido en su matriz académica las variables psicosociales del
trastorno, más allá de la visión médico-psiquiátrica – www.biobiochile.cl).
Para él, el
universo es una máquina cuyo fin no es otro que seguir funcionando eternamente y
este era aprehensible solamente a partir de la matemática. Concebía a animales
y plantas como máquinas que se podían explicar en términos de su disposición y
del movimiento de sus partes (Gomez, 2007). Es interesante notar que en
términos de su contenido, la botánica y la anatomía fueron disciplinas muy
estimuladas en el entorno académico a partir de estas ideas cartesianas.
Y fue Sir Isaac
Newton en el siglo XVI que a partir de la invención del cálculo diferencial, la
física vectorial y sus estudios sobre la ley de gravedad, confirmó la
apreciación cartesiana de la “máquina universal”, afirmando que “el universo
era un sistema mecánico regido por leyes matemáticas exactas” (Goldberg, 1988).
El pensamiento newtoniano abogaba por la practicabilidad de las ideas, una
especie de filosofía experimental donde una proposición debe ser deducida de un
fenómeno natural, comprobarse por inducción y luego ser universalizada. De ahí
que disciplinas como la física y la química tuvieran un gran avance en esa
época. En la ciencia newtoniana, el objeto de estudio debe ser reducido a su
mínima expresión, hasta que alcance un nivel imposible de ser dividido. Cuando
se descubra esa imposibilidad de reducción, recién es apropiado postular una
ley que describa su funcionamiento. Dicha ley, una vez comprobada, era
considerada inmutable. Y bajo esta manera de pensar es que se construyó el
sistema educativo tradicionalista, resistente al cambio, negador de la
actualización permanente y lapidario de las iniciativas nuevas.
Entonces el
cosmos, por lo que quiera que signifique esa palabra (vida, universo,
existencia, vivencia, etc.), es completamente causal – determinado por causas y
consecuencias predecibles – porque su
funcionamiento da lugar a un mundo mecánico perfecto. Siguiendo la línea de Newton, John Locke en
el siglo XVII desarrolló una visión mecánica y atomística de la realidad. Para
Locke el ser humano era el resultado de su entorno y de su apego y obediencia a
las leyes naturales. Indicó que si el ser humano debiera cambiar, el entorno
debería propagar ese cambio. Pero lo que debería ocurrir es un cambio ordenado,
en función del mejoramiento de estructuras y de funciones, el cual es
precisamente el funcionalismo que ha caracterizado la filosofía educativa de
comienzos del siglo XX. Muchos
historiadores de la ciencia entre ellos Toynbee (1983) y Toffler (1989) afirman
que esa fue la idea nuclear del paradigma estímulo – respuesta. Es la búsqueda
de la verdad por medio de la formulación de leyes el objetivo que guía al pensamiento
newtoniano, objetivo que se aplicó a la materia y a la mente, junto con
procedimientos reduccionistas y analíticos que sustentan su vigencia.
Figura: 2 Los
Elementos Filosóficos de Reproducción de
la Mente Sana en Cuerpo Sano
Fuente:
Elaboración Propia
Retornando al
razonamiento de Portela (2001), el Hipercuerpo reconoce la diferencia entre su
propia mente y él, pero debido a que el Hipercuerpo es el único que puede
contener a una mente sana, no pueden ser elementos de interacción cero, aunque
el único camino que le queda a la Mente Sana, para mantenerse así, es poder
hacer de su calabozo corporal un cuerpo también sano. Por ello es que hoy en
día, en muchas escuelas, los programas de Educación Física se han
diversificado. Se han introducido nuevas disciplinas deportivas y se siguen
potenciando las más tradicionales, al mismo tiempo que se ha potenciado también
la enseñanza de idiomas en un nivel comunicativo muy alto, ya sean nativos o
universales. Todo ello en detrimento de la transversalidad de los valores
sociales, educación para la paz, ciudadanía o democracia.
Por tanto, el
pensamiento newtoniano ha transformado a la cita de Juvenal en un objetivo
social de convivencia. Social porque debe ser perseguido por todos y una vez
conseguido, permitiría convivir sanamente, dando lugar a la aplicación de leyes
universales, inmutables, determinadas por herencia cultural e imposibles de ser
cuestionadas. La mente sana en cuerpo sano constituyen una entidad irreductible
y, como le hubiese gustado a Newton, susceptible de que a su tenor, se postulen
leyes que describan su funcionamiento junto con sus supuestas consecuencias
sociales positivas: buen humor, responsabilidad, solidaridad, la capacidad de
darlo todo, empatía, paciencia, etc., solamente obtenidas a partir de la
construcción de un Hipercuerpo.
3. Fin del Hipercuerpo
Eventualmente,
el Hipercuerpo tiene que dejar de actuar. Sus funciones y sus estructuras
disminuirán su efectividad y eficiencia con el paso del tiempo. O con la
presencia de una enfermedad. Y en este contexto de presencia de entidades
patológicas, ¿Cuál es el lugar de la Mente Sana en Cuerpo Sano?
Figura: 3 Fin
del Hipercuerpo
Fuente:
Elaboración Propia
El mismo
concepto que sustenta filosóficamente a esta afirmación es el que provoca una
autodestrucción del modelo. Si bien la física Newtoniana ha sido superada de
alguna manera a finales del siglo XX a partir de excelentes investigaciones en
física cuántica, bolsones de materia oscura o física subatómica, la relevancia
social y la reproducción cultural de la Mente Sana en Cuerpo Sano se está
empezando a combatir, primero desde el terreno de las ideas.
Y este ciclo
autodestructivo, como una bomba de tiempo, funciona de la siguiente manera: el
razonamiento atomístico y sus premisas previas considerarían a la enfermedad
como un ente ahistórico, es decir, sin un punto de origen aparente o fijo.
Trataría de establecer el punto de aparición según leyes preestablecidas
inmutables que por más exactas que sean o pretendan ser, no podrían impedir la
experiencia, subjetiva e individual, de vivencia de enfermedad.
Dentro del
paradigma biomédico – directa consecuencia del dualismo cartesiano – la
experiencia de anormalidad es inevitable. La mente sana que invade el
Hipercuerpo rechaza los signos de “contaminación” por enfermedad porque estos
amenazan su existencia. Se harían esfuerzos por volver a la normalidad, dado
que los niveles de eficacia y eficiencia han disminuido y las capacidades
condicionales y sus elementos asociados han perdido vigencia. El Hipercuerpo
está corrompido y ahora es un enemigo del sistema filosófico que ha promovido
su consecución.
El sistema
filosófico entiende la enfermedad también en términos newtonianos. Espera a que
su desarrollo determine cronológicamente su propia desaparición. Por ello
intenta conceptualizar la patología presente como una enfermedad egosintótica,
es decir, sin vivencia de sufrimiento “mental”. Una especie de Apartheid que la
Mente Sana le hace al cuerpo ya no tan sano, manteniendo el ideal de
Hipercuerpo que puede ser recuperado
luego de la desaparición de la enfermedad. Pero esta tendencia tiene una
posibilidad muy incómoda para la Mente Sana: la posibilidad de que ella también
pueda enfermar.
La
psiquiatrización del comportamiento es una manera de convencer a las personas
de que tienen comportamientos anormales, contraproducentes para el progreso
colectivo, pero que pueden ser controlados a partir de la medicación. La Mente
Sana en principio aceptaría esta oportunidad, porque implicaría la vuelta del
cuerpo que invade hacia el estado de salud nuevamente. Pero no pasa mucho
tiempo hasta que la Mente Sana caiga en cuenta de que estos mecanismos de
control tienen que ver con la acción del medicamento sobre estructuras y
funciones del Hipercuerpo que indefectiblemente, al cambiar su funcionamiento
por acción del medicamento, cambian también la manera de la mente sana para
autopercibirse como una entidad separada del Hipercuerpo, y entiende que su
destino está ligado al de él.
Por ello el
Hipercuerpo se convierte ahora en una excreción del sistema, en una
contradicción destructiva que pone en juego la credibilidad del sistema
filosófico y por lo tanto sus medios de reproducción y eternización. La
enfermedad es newtoniana porque es un mecanismo defectuoso, imperfecto,
incompatible con la gran máquina cósmica, y principalmente cuestionador de la
función del mecanismo. Al ser imposible que siga funcionando eternamente, por
primera vez el hipercuerpo puede buscar un propósito propio y un objetivo
existencial individual. Puede dejar de ser Hipercuerpo para convertirse en
sujeto.
4. Conclusión
La frase no
solamente ha sido aplicada a las particularidades de su contexto y época
propia, sino que ha servido como una vía de reproducción cultural del dualismo
y de una manera irreal e inalcanzable de percibir la realidad. Entonces, ¿por
qué la frase sigue vigente? Porque relaciona un ideal de salud imposible de
conseguir con la felicidad, un estado afectivo ilusorio atemporal. Pero los
tiempos actuales de la humanidad, es decir, la Modernidad, reclaman el rescate
científico de la subjetividad de las personas (Poggio, 2013). La realidad está
en constante mutación, y los conceptos teóricos tendrían que ser también
flexibles, sistémicos y susceptibles a la obsolescencia. Entonces, a diferencia
del Hipercuerpo, el cuerpo, en su relación con los sistemas socioafectivos,
cognitivos y motores, establece un diálogo semiótico con ellos. Es decir que el
cuerpo se construye como símbolo a partir de la toma de posición no solamente
espacial, sino también temporal por parte del sujeto, y por lo tanto dicha toma
de posición es subjetiva, es vinculante, es histórica, es imperfecta, es
particular y es co-formante y co-formada (todas características carentes en el
Hipercuerpo). Tomar una posición no solamente es situarse en términos de
distribución de un espacio. Es vincularse con la propia historia personal,
social y mundial, al mismo tiempo que se adopta una perspectiva para poder
filtrarla y percibirla.
En términos
sociales, la nocion hipercorporal remite a una economía falocéntrica, en la
cual el cuerpo es solamente una sede de impulsos instintivos arcaicos, y como
artefacto cultural, se convierte en mercancía, como casi todo y todos. Y en ese
sentido el manejo del hipercuerpo como categoría cultural de hipernormalidad
representa a un cuerpo que en realidad es chatarra, uno vehículo para lograr
una juventud tardía y eterna.
El Hipercuerpo y
sus estructuras internas invasoras, entre ellas la mente sana, no pueden
establecer un contacto saludable con su propia historia porque la ignoran, ni
con su historia social porque la desprecian, ni otro cuerpo co formado porque
lo rivalizan.
Por lo tanto es
el rescate del concepto de cuerpo que la Psicomotricidad puede realizar a
partir de sus fundamentos epistemológicos el que debe primar en un análisis de
la relación integral del ser humano consigo mismo. El dualismo cartesiano está
siendo superado por las características propias de los tiempos postmodernos y
por la lucha de la ciencia de superar sus propias limitaciones metodológicas y
de interpretación de datos. Por ello es importante rescatar esa dimensión
moderna y científica del cuerpo a partir de las concepciones que de él tiene la
Psicomotricidad.
Así pues, Coste
(1979) el hombre tiene un gran instrumento que puede ser utilizado “el cuerpo”
es la representación real de una persona en el mundo porque el cuerpo es
vivenciado y gracias a esto tenemos una representación en el mundo. el cuerpo
es la representación real del cuerpo en el mundo y es constructor de su propio
espacio y de su propio tiempo. Cada persona sigue su propia línea de
desarrollo, las cuales son incomparables entre sí. Esto significa que sus
determinantes varían desde su historia privada biográfica hasta la clase
social. Por ello, las maneras particulares de conquistar el espacio y el tiempo
son individuales y privativas. Entonces, el Hipercuerpo rehúye la enfermedad y
la considera anormal, mientras que desde la epistemología psicomotriz, se
invierten los recursos de tiempo y esfuerzo en encontrar posibilidades de
desarrollo y potencializar las conquistas evolutivas de ese cuerpo que marca el
objetivo existencial del ser humano.
Además, el
cuerpo conduce a un lugar de diferenciación con el otro y permite la
circulación del deseo (Da Fonseca, 1998). Esto significa que el cuerpo se
construye diacrónica y sincrónicamente
en relación recíproca y de interdependencia con sus ejes (Brito, Goitia,
Maldonado y Pacheco, 2012). El cuerpo nunca deja de desarrollarse, ni de
interrelacionarse, a diferencia del Hipercuerpo que propone una existencia
petrificada y aislada. Por ello, no puede existir un hipercuerpo en el sentido
concreto del término (por lo tanto tampoco la noción facilista de “mente
sana”), debido a que no es parte de ningún sistema teórico de descripción de
etapas de desarrollo. No tiene una fase anterior que le sirva de soporte ni
tampoco una fase para la cual sea la previa.
Finalmente, el
concepto de mente sana en cuerpo sano hace alusión a un cuerpo máquina, una
especie de laboratorio físico-químico puesto en marcha por un psiquismo que habita
en algún lugar del cerebro. Pero aunque este concepto fuese verdad, la
fisiología por sí sola no puede explicar la intención de cada movimiento, ni su
significación, ni su fundamento existencial, ni su huella en un espacio y en un
tiempo.
La Psicomotricidad
como una disciplina en constante construcción y reconstrucción propone al
cuerpo como el eje del aprendizaje, en tanto y en cuanto ese cuerpo es receptor
y constructor de los conocimientos, el punto cero o de origen de las
dimensiones del mundo – como lo afirmaba Merleau-Ponty –, pero también es un
depositario del estado social actual y de nuestra opinión sobre el mundo.
[2] Un mecanismo
bidimensional es una tendencia cognitiva a rescatar las propiedades físicas de
los cuerpos inertes: velocidad, aceleración, peso, etc, cualidades que se
pueden representar en los ejes cartesianos X y Y mediante fórmulas. Es la
situación en la cual una persona juzga la apariencia exterior de un objeto. Un
mecanismo serial de procesamiento de información se refiere a la facultad de la
mente de desmenuzar y dividir el todo en pequeñas partes hasta que éstas sean
indivisibles.
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